Colabora pe’ varón

La vida se resume antes y después de la informalidad

Le he pagado un sol a un joven de la cola para entrar más rápido al banco. Compré un celular moderno pero de dudosa procedencia. Compré películas a 5×10 soles en El Hueco. He cruzado la pista aún cuando la luz roja me apuntaba, solo porque los carros parecían venir lejos. No pagué pasaje en el bus. Pagué en la caja preferencial de un supermercado porque estaba vacía. Me comparten la contraseña del Netflix y no pago los 8 o 9 dólares que me corresponde.

Compré libros en Quilca, Amazonas y otros. Pagué por conexión ilegal de cable. Compré mi cd pirata “Las más toneras 2016”. Compré la imitación de una casaca, zapatillas o mochila en Malvinas. Alguna vez he pasado una moneda falsa. Viajé en una combi pirata. No pedí boleto. No pedí boleta o factura después de comprar un producto. Falsifiqué una constancia médica para faltar al trabajo, otra para la universidad, las clases de inglés en fin.

Pagué un adicional para obtener mi brevete más rápido. Usé a uno de mis contactos en una Municipalidad para condonar una deuda. Colaboré con mujeres, niños, ancianos y a quién me pidiera una moneda en el bus. Compré galletas en un puesto semiarmado a mitad de la calle. Compré dos hámsters en el Jirón Ayacucho del Centro de Lima. Mi jefe no me hizo firmar contrato pero deposita mi sueldo fielmente, una vez por mes. No quiero pagar impuestos.

Solo por mencionar algunas.

INFORMAL la Rae le ha dado 4 acepciones pero nosotros la hemos conjugado en diferentes situaciones. Quien sea libre de pecado que tire la primera piedra (Juan 8) le escribo la fuente porque no somos coautores. En Perú no todos copiamos ¡Ojo! La informalidad está inmersa en mi país y yo soy informal.

Nos quejamos del comercio ambulatorio pero compramos productos al paso. Nos quejamos de la delincuencia y compramos artículos robados. Nos quejamos del asistencialismo de algunos pero regalamos monedas por pena. Nos quejamos de la imprudencia de conductores pero dejamos mucho que desear como peatones. Nos quejamos del maltrato animal pero alguna vez  hemos pagado por una mascota en vez de adoptar una. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Colabora pe’ varón.

Los malcriados de tus padres

2015 pero escribiré en presente.

9 de la mañana. Abancay. Vamos en la 8 para ser más exactos. Estacionados en Grau, el conductor aprovecha el tráfico, ausencia de municipales y deja subir a una familia (mamá, papá y un niño de aproximadamente 12 años) por la puerta trasera. La señora pide el asiento -vocifera- nadie parece hacerle caso. Frente a ellos un joven duerme apoyado en su mochila, la cual reposa repleta sobre sus piernas. Lo despierta para pedirle el sitio.

El joven despierta y explica que lleva botellas en la mochila. Muestra el paquete adicional que tiene apoyado sobre el piso del carro. “Si me levanto, las botellas podrían romperse y no podré venderlas” advierte. La señora insiste “vengo con un niño o no te das cuenta”. Su esposo la “defiende” déjalo muy cansado estará además de ciego es malcriado, si se cae el bebé será su culpa dice con tono lastimero.

El bebé en mención va trepado de la ventana cual macaco, trata de abrir un paquete de galletas. Bota la envoltura por la ventana y se queda con el contenido entre las manos. El niño muele las galletas con destreza y los restos los verte sobre la camisa del joven dormido. Su padre observa y parece no importarle, su madre le sonríe con una especie de complicidad.

El chico duerme y no presiente lo que sucede. La madre se ríe. El esposo advierte bajamos en El Hueco. Pero aún falta y tenemos que soportar el espectáculo del niño. En cada bache grita, patea los asientos, pregunta cada dos minutos a qué hora bajarán, su padres siguen buscando un asiento como si de un recién nacido se tratara y el paquete de galleta ha servido para alimentar a los bichos del carro.

Debe ser un espectáculo común me pregunto pues nadie parece indignarse, yo suelo pelearme siempre cuando veo una injusticia pero hoy no. Llevo casi un día sin dormir y debo trabajar. Estudio periodismo y me gano la vida escribiendo en un diario. Desde Villa María al Centro de Lima el viaje no es ligero, aún no desayuno y lo más probable es que hoy desayune-almuerce pues tengo más sueño que hambre.

La flojera me invade pero voy parada. Mientras el carro avanza me pregunto ¿Por qué victimizarnos? ¿Por qué un niño es sinónimo de asiento? Ser mujer me hace acreedora a un espacio en el bus. ¿Pagar mi pasaje me da el derecho de gritar a otro? ¿Tener mi familia me hace más respetable? ¿Ser varón es sinónimo de que tu asiento es el mío?

No críen a sus niños inútiles, que aprendan a saludar, agradecer, pararse bien en un bus, callarse cuando es necesario, preguntar si es debido y sobre todo a respetar los derechos de los demás. Un niño de 12 no es un bebé por ninguno de sus lados. Pedimos igualdad de género, valores al mundo y todo lo que necesitamos aprender viene de casa.

Si ves una situación parecida a la del bus no seas cómplice. Yo por mi parte prometo no hacerlo más. Juanito si algún día lees esto, tranquilo no eres tú el malcriado. Los malcriados son tus padres.