Hoy, él va a morir

Lo atropellaron en la pista frente a mi casa. Su cuerpo estaba ahí tendido.                              Yo lo vi todo tras la ventana. Tras unos minutos un carro decidió, que pasarle encima, era lo mejor. Desde mi casa escuchaba su llanto lastimero, parecía pedir ayuda. Pero a nadie le importaba. Yo tenía 5 años y las posibilidades que tenía de salir de casa, cruzar la pista y traerlo conmigo eran 0.1 de 10.

Le pregunté a papá ¿por qué nadie hacía nada? y respondió “quizás ya murió, pobrecito”. Quería salir y ver, quería ayudar o por lo menos saber si seguía vivo. Terminé de desayunar y fui hasta la ventana. Tuve que apilar un par de bancos para llegar al borde y ver todo más de cerca. Seguía allí tendido. Quise abrazarlo, que muriera conmigo, que supiera que yo lo quería, pero no tenía permiso de salir.

Entonces llamé a papá, le dije que quería tener una mascota, sonrió y me preguntó ¿cuál? ¿un conejo o un loro? Le dije que quería un perrito, quizás se conmovió porque dijo que ese mismo día me lo compraría. Le advertí que quería el que estaba en la pista. Con asombro lo señaló ¿Cuál, ese? Ese va a morir hoy. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Siempre le temí a los perros pero en su situación y después de haber visto esa escena, estaba segura que los humanos eran más peligrosos.

La conversación terminó pero supongo que lo entendió. Lo vi salir, cruzó la pista y lo cargó. Lo dejó fuera del alcance de los carros -que no parecían detenerse nunca- iban a prisa, tan rápido como la vida misma. Volvió y me abrazó. Los dos nos quedamos ahí mirando detrás de la ventana, viendo los carros pasar. Él me contó que nunca había atropellado a uno y le creí.

Quizás esa es la razón por la que sufro tanto al verlos cruzar. Van tan inocentes, tan altivos, quieren jugar o a veces han divisado un buen paquete de basura y saben que les espera un buen banquete. A veces son hembras y llevan comida a casa. Sí, también tienen familia. Algunos la forman en la calle y otros tienen suerte de tener un hogar.

Yo tengo suerte de tener una en casa. Y después de años y miedos aparte puedo decir que Mica es también mi familia.

Autor: mabelobando

Como mucho, duermo poco. Alcohol para matar las penas. Odio el cigarro pero a veces fumo uno. Tengo sangre de chocolate, un perro, jeans rotos y una cámara. No quiero parecer hípster.

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