Envidio a mi puto dedo índice

Debo confesar que envidio a mi dedo índice. Atesora momentos que a veces no puedo recrear.

Tenía 3 años. Mi mayor travesura era hundir mi dedo en las tortas de cumpleaños. Disfrutaba, robándome el fudge o chantilly -probandolo antes que todos- y aunque siempre intentaba cubrirlo, mamá sabía que había sido yo. Aún lo hago, pero ahora, sin remordimiento. Todos en casa, se acostumbraron a encontrar mi índice en algún lado del pastel.

Cuando Vanessa nació, moría por cargarla pero era tan pequeña que tenía miedo de soltarla. Entonces me conformaba con peinarla con mi dedo índice mientras dormía. Ella lo disfrutaba, yo lo sé, de cuando en cuando sonreía con los ojitos cerrados. Me servía también para “medir” la temperatura del agua. Mamá me bañaba en agua tibia y yo no entraba a la tina hasta que mi índice se cerciorara de la temperatura. Una vez dentro, disfrutaba de hacer remolinos.

Cuando cumplí 8, solía leer la versión pocket de Alicia en el País de las Maravillas, su cubierta era de alto relieve y cuando quería leerlo me bastaba con meter mi mano en la caja de los juguetes para identificarlo. Lo buscaba con mis dedos, pero solo mi dedo índice sabía encontrarlo. Un día, mamá decidió regalar mi caja de juguetes -sin consultarlo- a alguien más y allí se fue, pero estoy segura que lo volvería a reconocer con solo tocarlo.

A diario despierto y meto mi índice al ombligo -extraño, lo sé-  pero me gusta saber que no lo he perdido. Cuando veo películas con él, me gusta pasar mi dedo sobre sus labios. Quizá, por eso me volví una experta en reconocer su sonrisa a oscuras. Cuando mi cabello bordeaba mi espalda baja, usaba mi índice para ondularme  las puntas.

Cuando era niña me gustaba pasar mi índice sobre el labial de mamá y robarme un poco para verme igual de linda. Mi técnica de make-up era bastante parecida a la del Guason pero hoy -con 24 años- puedo asegurar que fue la primera vez que me sentí femenina. Con él también puedes darle al disparador de la cámara y capturar el momento perfecto,  identificarte, señalar, clicar y más. Escribir a tu persona favorita, tocar el timbre (aplica para más de una connotación), probar tu comida favorita y así.

Sirve también para perder el miedo: aplica para la ducha, animales, entre otros. Un poco más grande sirve para hurgar, llenar, vaciar, estimular, acariciar ¡Vamos, usted tiene imaginación! Puede complementar los verbos con las palabras que más le guste. Después de lo expuesto ¿No odia a su puto dedo índice?

Autor: mabelobando

Como mucho, duermo poco. Alcohol para matar las penas. Odio el cigarro pero a veces fumo uno. Tengo sangre de chocolate, un perro, jeans rotos y una cámara. No quiero parecer hípster.

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